
Tras la gran expectación generada por esta cerveza se puede afirmar que el producto conseguido no está a la altura de la recomendación: gastronómicamente hablando se vende como alternativa válida al vino en las comidas (el ámbito comercial y sus posibles influencias en el mercado es otro cantar). Para poder competir con los vinos el producto final debería haber sido más impactante e innovador; sus virtudes, aunque tiene alguna, no son suficientes. Se presenta en envases de 0,75 y 0,5 l. con un precio recomendado en restaurantes de 8€ la de 0,75 l (la de la foto es de 0,5 l. y me costó 3€ en un bar).
Como cerveza, no resulta especialmente impactante, o no tanto como se pretendía pero si responde, en parte, a lo que se esperaba de ella: afrutada en nariz con matices muy florales, en boca entra bien, es suave, ligera y muy refrescante. También es digestiva y no produce sensación de hinchazón pero deja un excesivo sabor final a cáscara de naranja. Su elaboración mixta de trigo y cebada le da un aspecto turbio de tonos amarillos sucios, casi dorados. La segunda fermentación en botella le otorga su particular efervescencia, mucha burbuja similar a la del cava, de ahí que pueda ser acompañada con gran variedad de platos.
En definitiva, sí es una cerveza diferente, pero no tanto como se quiere vender y a algunos le resultará un tanto artificiosa. Al margen de quién la creo y para qué está hecha, el resultado final es más que aceptable.
% ALCH.: 4,8
SABOR: 7,2
COLOR: 6,6
CUERPO: 6,8
PUTUACION FINAL: 6,9